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NUESTROS NUEVOS COLABORADORES

 La web de Micellium se llena de arte y literatura con sus nuevos colaboradores: Enrique y Carmen.

 

Nuestro nuevo fichaje nació en Madrid en 1956. Y le pusieron de nombre Enrique y (como al genial Woody) de sexo, varón. Desde muy joven adquirió, entre otros, el feo vicio de escribir relatos absurdos y de llenar de monigotes los márgenes de los libros y de los cuadernos de apuntes. Tras leerse fascículo a fascículo la enciclopedia Faunia de Félix Rodríguez de la Fuente quiso ser biólogo, pero le dio flato nada más empezar la carrera. Entonces quiso ser director de cine, pero cuando fue a matricularse acababan de cerrar la Escuela de Cinematografía. Luego quiso estudiar artes plásticas, pero en los exámenes las cabezas de arcilla le salían apepinadas. 
Entonces alguien le regaló una cajita de óleos y se puso a pintar cuadros. Aquello le gustó e intentó vivir de la pintura, pero, tras hacer algunas exposiciones y participar en algunas ferias de arte, azuzado por las hambres, sobre todo las de sus hijos, tuvo que abandonar tan peregrina idea, y dedicarse a currar de oficinista en un trabajo de los de cobrar cada fin de mes.
Luego tuvo la feliz idea de montar una papelería de barrio, justo cuando llegaba el boom de los hipermercados, por lo que obtuvo un clamoroso fracaso comercial.
Intentó estudiar psicología, pero lo dejó por problemas psicológicos, y entonces recordó que su madre siempre que le veía estudiando mal sentado en la silla le decía: "¡Estudia derecho!" Así lo hizo, y contra todo pronóstico se sacó el titulo de licenciado en Derecho, que visto lo visto está claro que se lo dan a cualquiera que reúna todos los puntos que salen en los cromos de los Tigretones.
 Desde entonces sobrevive como puede en el duro oficio de abogado de oficio, pero afortunadamente el mundo jurídico no le ha abducido en exceso el cerebro y mal que bien, o más bien mal que mal, ha seguido pintando monas en los márgenes de los escritos judiciales, escribiendo relatos en las salas de espera de las comisarías, las cárceles o los juzgados de guardia, y manchando lienzos y enguarrando papeles Guarro en el tórtulo del Círculo de Bellas Artes de Madrid.
Hace cinco años fundó con otros escritores el grupo Relatopía (http://www.relatopia.com/), actualmente formado por casi 30 miembros, algunos del otro lado del charco, publicando anualmente una revista literaria y realizando de cuando en cuando lecturas públicas de sus relatos más cómicos.

http://www.youtube.com/watch?v=R7nYRpw-jWw


Recientemente ha culminado el interesante experimento de dirigir a ese grupo de locos para escribir entre todos una novela llamada "Crucero por el Amor y la Muerte", la cual, tras muchos avatares, vio la luz el año pasado y es de descarga gratuita.

http://www.bubok.es/libros/210610/Crucero-por-el-Amor-y-la-Muerte

Su obra pictórica se encuentra expuesta desde hace años en diversas páginas web especializadas como Deviant Art o Artelista ( http://enrique-romero.artelista.com/ )
Todo esta errática road movie por la vida y la creación artística y literaria la ha compartido siempre con la escritora Carmen Sanz, con la que ha pintado en muchas ocasiones a dos manos y con la que comparte ahora este rincón de Micellium.

 

Aquí podéis disfrutar de algunos de los cuadros de Enrique

http://enrique-romero.artelista.com/

 

y esta es una de sus últimas creaciones literarias

La princesa está triste

y un poco de humor gráfico: https://www.dropbox.com/s/4loobm5n213ufv7/chiste%20E.%20Romero.jpg 

Nuestra nueva amiga Carmen nos ofrece su último libro, que transcurre en Javea. Es una novela gris oscura, casi negra, en la que de la mano de personajes insospechadamente inofensivos, podreis encontrar misterio, delincuencia, corrupción, amor, e incluso ¡sexo!


http://www.bubok.es/libros/213485/El-Resplandor-del-Mar

Ella misma es autora del cuadro de la portada.

Obituario: Boni, por Miguel Salavert

Bajo la entrada húmeda del viento de Levante con algunas lluvias clandestinas llegadas del oeste, entrelazadas en este tibio calor inusitado y sorprendente de mediados de noviembre, donde han vuelto a florecer algunos frutos inesperados en esta época y en este rincón del Mediterráneo, ha muerto nuestra perra Boni, una cócker inglesa elegante e indolente como pocas majestuosidades quedan en la realeza europea conocida. 

Era mediana, muy negra, azabache profundo, con un mechón blanquecino pegado en la parte baja de su cuello, estigma de algún atributo señalado que nunca conocimos, de hocico alargado y buen olfato, con esos ojos oscuros de carbón lloroso, bien abiertos sobre unos párpados caídos, capaces de recordarte la tristeza que sólo se apaga con una caricia, un beso o una golosina, tal era su bien estudiado lagoftalmos. Un rabo corto pero vivaz y coqueto festejaba siempre la llegada del ama amada o de cualquier familiar y ser querido para ella, que eran muchos, dada su generosidad de corazón, receptivo a cualquier piropo o palabra amable. Sus robustas y fuertes extremidades le permitieron en su juventud realizar pequeñas proezas para ella en su mediana altura y su ajustado peso, como veloces carreras zigzagueantes entre las dunas de la playa arenosa de El Perelló o en los prados verdes excelsos de Los Lagos de Covadonga, además de grandes saltos de obstáculos que le doblaban en su altura, o incluso de zambullirse y nadar en las aguas de nuestro mar buscando la compañía de los peces. Debido a la gran clase y al lucidor estilismo que portaba encima no necesitaba hacer ninguna gracia especial o ademán sobreactuado para sentirse más que una reina.

Comer con los ojos, leer con el estómago, por Sandra Cuéllar

Hoy os comento una pequeña joya, a la vez literaria y gastronómica. Es el libro de Manuel Vicent "Comer y beber a mi manera"(Alfaguara, 2006).

Aprovecho la ocasión para recomendaros cualquier lectura de este autor, y muy especialmente sus columnas periodísticas, que  podéis encontrar los domingos en la última página de El País, y en el recopilatorio "El cuerpo y las olas" (Alfaguara, 2007).

En el volumen que hoy os recomiendo, Vicent hace un recorrido por los sabores que le han acompañado a lo largo de su vida. No se trata de un compendio de recetas, aunque incluye varias, ni de una guía de restaurantes, aunque alguna referencia muy conocida para el público mediterráneo nos encontremos. Si fuera capaz de tener mi biblioteca ordenada por temas, lo pondría entre los libros de viajes: es un viaje a la infancia, a esos sabores que ya siempre nos transportarán a una época determinada, a momentos que quedaron asociados a sabores u olores que salían de una cocina. Si Sabina nos recomienda que "al lugar donde fuiste feliz no debieras tratar de volver1”, Vicent nos lleva directamente a ese lugar sanos y salvos.